Se cumplen 180 días del último partido de la tropa de Gallardo.

Ningún Allan Poe suelto por algún lugar del mundo hubiese sido capaz de solo pensar una historia en la que el amor de una vida y muerte entera se esfuma por seis meses. Claro que en la acción de amar existen obstáculos y dificultades, siempre. Pero tener que soportar esa ausencia por tiempo indefinido (por aquel entonces), fue una locura.

Y claro que aún la espera no concluye. Sin embargo, saber que se avecina el reinicio de la Copa Libertadores, calma por instantes las aguas. Empieza a saciar esa necesidad de River que todos tenemos, sabiendo que será un duro regreso y que las esperanzas no son amigas.

Hoy se cumplen 180 días de la última aparición del plantel liderado por Gallardo en un partido oficial (y no oficial también). El recordado 8-0 contra Binacional, luego de la amargura en Tucumán, fue la bocanada de aire fresco y la apertura del paréntesis que cierra en cinco días nada más.

En el medio se fue Scocco, el Presidente de la Nación le pidió un asesoramiento al Muñeco, Juanfer transmitía una fallida seguridad con respecto a su futuro, Montiel y Martínez Quarta sonaban para irse y a River llegaban todos aquellos futbolistas relegados, que estaban cedidos.

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Entiendo que la mejor manera de comprender toda esta locura es como un charco que no termina y todavía tiene problemas por resolver, algunos que se han prolongado. Pero quieran o no, la orilla cada día está más cerca y Napoleón no se baja del barco.

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