El arquero tuvo dos malas noches, y varios detractores salieron a hablar de ciclo cumplido. Sin embargo, hay que ser memoriosos, además de apoyar de manera incondicional al santafesino que necesita confianza hoy más que nunca

"El arco de River es el más grande del mundo", firma Nery Pumpido. Por allá en 1982, el arquero tiró una frase que es histórica y que nadie jamás se atrevió a contradecir, sobretodo cuando este unos años después se consagró campeón de Copa Libertadores, Copa Intercontinental y, además, se dio el lujo de traerse de México la Copa del Mundo con la Selección Argentina, todo esto en menos de 365 días. Espalda tiene de sobra y si lo dice un grande como él, ha de ser verdad. Con esto queda claro, que ese lugar no es para cualquiera y que no alcanza con tener buenas cualidades o hacer grandes atajadas, se necesita un extra o un "plus" y sin ningún tipo de dudas Franco Armani, tiene todo lo necesario para estar bajo esos tres palos por mucho tiempo más.

En su momento, la salida de otro gigante como lo fue Marcelo Barovero dejó un hueco inmenso que ni tres hombres pudieron llenarlo. Primero Augusto Batalla, el joven que casi ataja en Real Madrid y luego terminó en Chile, después Germán Lux, que venía de ser el tercer mejor arquero de La Liga en España y, con menos protagonismo, Enrique Bologna, que vino más para ser más suplente que titular. Todos ellos, buenos arqueros y con grandes condiciones, pero que no tuvieron ese temperamento o condimento extra para poder quedarse con el puesto. Un año y medio, tres apellidos que no convencieron, por eso hubo que buscar a alguien más.

Hace un poco más de tres años, el nacido en Casilda abandonó su lugar en el mundo, como lo era Atlético Nacional, para cumplir su sueño, pero sabiendo que nada iba a ser fácil. Sin embargo, él se puso el buzo, los guantes y, sin necesitar adaptación, tuvo un rendimiento impresionante, donde en su primera final, ni más ni menos que, ante el clásico rival, fue figura y gran artífice de la consagración en Mendoza. Ahí mismo, demostró que los grandes compromisos no le eran para nada pesados y bancó la parada de manera espectacular. En un año, se ganó en buena ley el arco de la Selección Argentina, ningún otro estaba en un mejor nivel y, tal vez en Rusia, los rendimientos no fueron los mejores, pero por lo hecho en su club, su convocatoria fue justa le guste o no al periodismo amarillista que lo detractó o que intentó hacerlo.

Al volver de Rusia, su gran objetivo era ganar la Libertadores y el 1 siempre dijo presente: ante Bou y Cristaldo, en octavos, ni hablar de la de Gigliotti en cuartos donde hasta el relator gritó el gol que no fue, y, sin dudas las dos más importantes, ante Everton y Benedetto, una en Brasil jugándose la semifinal y la otra en la mismísima Bombonera, transitando la final más importante de la historia. Si hay que hacer un top 3 de esa Copa que hoy seguimos festejando, seguramente el santafesino dice presente.

En 2019 nunca bajó su nivel, siempre estuvo a la altura y apareció para salvarnos cuando las papas quemaban. Los penales ante Cruzeiro, aquella que le tapó a Lucho González por la Recopa, ante Paranaense y hasta cuando caímos ante Flamengo, le sacó un penal en movimiento a Gabigol, cuando todavía íbamos arriba en el marcador. En 2020, se jugó poco, debido a la situación ya conocida, pero cuando tuvo que responder lo hizo una y otra vez. Hasta este momento, lo único que se le "criticaba" era no salir en los centros, pero para todos era el indiscutido, inclusive para Lionel Scaloni que desde el primer día afirmó que su portero titular iba a ser Armani.

El 2021, no arrancó bien para él, dos errores muy inusuales ante Independiente y Palmeiras lo dejaron en el ojo de la tormenta. A los hinchas, les pregunto: ¿Las críticas no son exageradas? Dos errores en un ciclo de tres años, desde el punto de vista de este redactor y fanático de River, obviamente, que son muy fuera de lugar, molesta que pase en momentos tan importantes, pero es simple, hay que masticar la bronca y seguir adelante, apoyar al arquero que tantas alegrías nos dio.

Es increíble que por dos fallos, haya tenido que salir (de manera justificada) hasta su mujer a defenderlo. No muchachos, no es por ahí, hay que ser grandes tanto en los triunfos como en las derrotas, no ser como los "hinchas" de ciertos equipos que después de perder un torneo exilian a más de 20 futbolistas, cuando poco tiempo atrás habían ganado un bicampeonato nacional. Nada más para decir, solo palabras de agradecimiento para Franco, que nos acostumbró a hacer atajadas imposibles y ahora está demostrado que también es humano y comete errores, como cualquiera… ¿Si Jesús tropezó, por qué él no habría de hacerlo?

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